Estados Unidos se acerca a la independencia energética gracias al “fracking”

Ángel Manuel Romero Díaz, 1º DN

Más que en el conflicto sirio, las negociaciones nucleares con Irán o la expansión marítima de China, en Dakota del Norte y Texas donde se está empezando el mayor cambio geopolítico de esta década. La técnica de la fracturación hidráulica o “fracking”, que permite extraer hidrocarburos atrapados entre rocas, ha convertido ya a Estados Unidos en el primer productor de gas del mundo.

Hacia 2019, EE.UU. será el máximo productor de petróleo del planeta, por delante de Rusia, a la que pasará este año. Para 2035 habrá alcanzado la independencia energética (su dependencia es hoy del 75%). Con ello presumiblemente disminuirá su interés en Oriente Medio y podrá ayudar a la Unión Europea.

A finales del año pasado, la producción de petróleo estadounidense alcanzó los 7,74 millones de barriles diarios, superando por primera vez en mucho tiempo las importaciones. Estados Unidos, que es el mayor consumidor de petróleo del mundo, tuvo su pico de producción en 1970, con 9,6 millones de barriles diarios. Desde entonces la cifra fue disminuyendo hasta bajar a los 5 millones en 2008. Entonces la experimentación del “fracking” la crisis económica llevó a una subida de precios, hizo rentable la nueva tecnología, basada en una extracción horizontal que fractura las rocas para atrapar el hidrocarburo atrapado entre ellas.
Desde 2008, la producción de petróleo con ese sistema en Estados Unidos ha crecido de 600.000 a 3,5 millones de barriles diarios. Eso ha supuesto un incremento de la producción total en un 30%. En 2012, EE.UU. extrajo 8,9 millones de barriles diarios, acercándose a los 10,6 millones de Rusia y los 11,5 millones de Arabia Saudí. De aquí a 2020, el petróleo y el gas pizarra permitirán un aumento del PIB de entre un 2% y un 4%.

Para 2020 el “boom” energético de este método no convencional habrá creado 1,7 millones de puestos de trabajo en EE.UU., según estimación de la consultora McKinsey. Dakota del Norte, que es junto con Texas donde existe una mayor aplicación del “fracking”, utilizado también en otros estados, tiene el nivel de paro más bajo de todo el país, solo un 3%.

El ”fracking” también ha transformado la producción eléctrica, con el uso creciente del gas natural para la generación de energía en las centrales eléctricas. De acuerdo con la consultora energética IHS, las centrales de gas producirán el 33% de la electricidad nacional en 2020, comparado con el 21% actual. También el gas está alimentando un mayor número de plantas industriales. Todo esto ocurre gracias a la bajada del precio del gas en EE.UU., que es tres veces menor de lo que paga la industria europea. Ello permitirá que además de los empleos dedicados a su extracción, el gas soporte también medio millón de puestos de trabajo en la industria de transformación hacia 2025.

La suficiencia energética también viene acelerada por el menor consumo de combustible por parte del parque automovilístico. De las cadenas de montaje de la industria del automóvil están saliendo modelos con un consumo más eficiente, lo que ha llevado a algunos analistas, como el citado Daniel Yergin, a predecir que el petróleo alcanzará un tope en el mundo, pero no motivado por la falta de pozos o reservas, sino por un declive del consumo. De los 90 millones de barriles al día que hoy se producen en el mundo se llegará a los 104 ó 113 millones, empujado por los países hoy emergentes y en desarrollo. Para entonces estos también comenzarán a necesitar menos combustible. Al acercarse a la independencia energética, EE.UU. está relajando sus restricciones de exportación de energía.

No todo es favorable para EE.UU. La industria del «fracking» no tiene un futuro asegurado. Si el precio del barril desciende por debajo de 80 dólares el barril, los márgenes de beneficio comenzarían a ser escasos para la extracción de petróleo y gas pizarra. Además, los pozos explotados con esta nueva técnica tienen un declive más rápido que los explotados de modo convencional. Pero las compañías de “fracking” advierten que su tecnología también está progresando y que los dos inconvenientes mencionados pueden perder importancia en los próximos años.
Miles de personas reclaman cada año por las temibles consecuencias de la fracturación hidráulica en el planeta. Pero sus voces rara vez son escuchadas. En el estado de Ohio, donde el “fracking” se realiza en amplios territorios, científicos hicieron una medición de la actividad sísmica entre el 1 de octubre y el 13 de diciembre del año 2013. Apenas 75 días en los que registraron unos 400 pequeños terremotos, 5 sismos al día en Oklahoma, la comparación hace más evidente las posibles causas. Entre 1978 y 2008 se producían 2 sismos por año en promedio. Sólo en lo que va de 2014 ya se produjeron más de 230.

“El mayor movimiento sísmico conocido relacionado con estas técnicas sería el de 2011 en Oklahoma, que llego a un grado de 5,7”, dijo Paco Ramos, miembro de Ecologistas en Acción. Reino Unido y Canadá son otros de los países donde estudios han conectado directamente el fracking con la actividad sísmica. Según los especialistas, en su mayoría se trata de temblores muy pequeños y casi imperceptibles. Pero los riesgos, serían impredecibles.
Sin embargo aquí donde se toman las decisiones, los oídos siguen sordos. Es que las cifras de la industria son millonarias y reconocer el problema podría ser el fin de un negocio que ni empresarios ni autoridades parecen dispuestos a arriesgar.

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